Petit Parisien - "Sin nada": Las vidas rotas y a la intemperie por el fatal terremoto en Colombia

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"Sin nada": Las vidas rotas y a la intemperie por el fatal terremoto en Colombia
"Sin nada": Las vidas rotas y a la intemperie por el fatal terremoto en Colombia / Foto: Luis Acosta - AFP

"Sin nada": Las vidas rotas y a la intemperie por el fatal terremoto en Colombia

Sebastián, de nueve años, pinta sobre una hoja la forma de una casa junto a un arcoíris. Así recuerda su hogar, antes de que quedara en ruinas por el potente terremoto que golpeó a Colombia.

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Segundo de seis hermanos, el pequeño forma parte de un grupo de niños que se distraen con pintura en un albergue dispuesto por la alcaldía de Pereira, una de las ciudades más afectadas por el sismo de magnitud 7,4 del lunes.

Más de dos centenares de personas murieron y otras están aún bajo los escombros de miles de edificaciones colapsadas en todo el país.

Sebastián vivía con su familia en una casa de hojalata que quedó destruida por el peor terremoto registrado en Colombia en este siglo.

Tres días después, decenas de familias continúan llegando a un parque de esta ciudad cafetera para pasar las noches en tiendas de campaña y recibir alimentos.

Sebastián pintó junto con un pincel una casa, un árbol, un sol radiante y un arcoíris. Luego corrió y se lo entregó a su padre, Alexander Fernández, a modo de obsequio.

"Siempre piensa en el rancho, dice que lo lleve a ver", cuenta a la AFP el hombre de 27 años que trabaja en un lavadero de autos que también se desplomó.

Los niños sobrevivieron porque se ocultaron debajo de la cama.

"Nos quedamos sin nada, los corotos (pertenencias), la cama, todo quedó ahí", dice.

En el campamento, otros niños juegan fútbol, mientras los adultos cocinan en grandes ollas con leña o reciben toneladas de ayudas en alimentos, bebidas, ropa y pañales.

- Volver a empezar -

"En el momento estoy traumado, nunca había pasado una situación así", dice Fernández.

Debo "esperar (...) a ver si se acomoda todo, si podemos levantar la casita otra vez", añade.

El terremoto afectó principalmente zonas de la ciudad en las que vivían poblaciones vulnerables, como migrantes venezolanos, habitantes de calle y vendedores ambulantes que debían conseguir cada día dinero para pagar pequeñas habitaciones donde dormir.

Jani Caicedo, de 45 años, llegó a Pereira tras deambular por varias ciudades luego de tener que salir desplazada de Buenaventura, un puerto de mayoría afro sobre el Pacífico y en disputa por grupos armados.

"Uno correteado (obligado a salir) de un lado y ahora correteado por la naturaleza pues es muy duro", dice en el albergue.

En la calle vendía maní, bolsas plásticas y otros productos para poder pagar una habitación de unos 4,5 dólares diarios y garantizarle un techo a su hijo de nueve años.

El terremoto destruyó su edificio, un "pagadiario", como se les conoce a este tipo de apartamentos.

"Estaba iniciando" una nueva vida lejos de la violencia del conflicto armado y ahora "tocó reinicarme", lamenta.

Asegura que cada vez que ora pregunta por qué tiene que vivir una nueva tragedia.

"Yo vengo de un desplazamiento largo, Dios lo sabe, y esto que pasó fue volver prácticamente a la nada otra vez".

El gobierno, que declaró una emergencia económica, aún no estima los costos de la reconstrucción de las zonas devastadas. Las ciudades más afectadas son Pereira, de más de 480.000 habitantes, y Cali, de 2,2 millones.

- "El corazón roto" -

En Pereira ninguna calle quedó exenta de daños. En todas hay, por lo menos, una edificación agrietada. Las autoridades ya ordenaron la demolición de varios edificios en riesgo de desplomarse.

Los días pasan con jornadas de limpieza de escombros y las noches bajo la penumbra, a la espera de que se normalice la red eléctrica afectada.

Daniel Flores, de 33 años, apenas había cumplido hace cinco meses su sueño de tener un taller propio de bicicletas. Por las noches lo adaptaba como una habitación.

Después del terremoto sólo pudo sacar su motocicleta, una bicicleta roja y algunas herramientas.

Ahora vive junto a una avenida de Pereira con Mike, su perro pastor alemán.

Pero Luna, una cachorra de tres meses, huyó asustada y aún la está buscando.

K.Benard--PP