Petit Parisien - Los trabajadores extranjeros del Golfo se quedan pese a la guerra: "No tengo otra opción"

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Los trabajadores extranjeros del Golfo se quedan pese a la guerra: "No tengo otra opción"
Los trabajadores extranjeros del Golfo se quedan pese a la guerra: "No tengo otra opción" / Foto: Giuseppe CACACE - AFP

Los trabajadores extranjeros del Golfo se quedan pese a la guerra: "No tengo otra opción"

Pese a una guerra que dura ya casi seis meses, con la angustia que conlleva, la mayoría de los trabajadores extranjeros de los países del Golfo prefieren quedarse, en lugar de regresar a la difícil realidad económica de sus lugares de origen.

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En los ricos estados del Golfo, unos 35 millones de trabajadores extranjeros, principalmente procedentes de Asia y otras naciones de Oriente Medio, hacen funcionar la economía y constituyen la mayor parte de la población, atraídos por salarios exentos de impuestos y mucho más elevados que en sus países de origen.

La zona sigue bajo una tremenda presión desde que empezó el 28 de febrero la guerra, con los ataques israelíes y estadounidenses contra Irán. La república islámica respondió a su vez atacando a los aliados de Washington en el Golfo, causando 41 muertos y disrupciones en aeropuertos e instalaciones energéticas.

A lo largo del mes de julio, Kuwait fue objeto de ataques contra su único aeropuerto, plantas desalinizadoras de agua y centrales eléctricas, lo que llevó a las autoridades a pedir a los habitantes que redujeran su consumo de energía.

- Demasiado inestable -

Después de despertarse en plena noche por el estruendo de un dron que se estrelló contra un edificio cercano, Amro Husein, ingeniero de origen egipcio, cuenta que huyó del país por carretera junto con su esposa y sus dos hijas.

"Fue un shock (...) sobre todo para las niñas", relata. Pero cuatro meses después, la familia, instalada en Kuwait desde hace 12 años, decidió regresar. "No fue una decisión fácil", explica a la AFP.

Los extranjeros instalados en el Golfo se enfrentan a un dilema: quedarse en estos paraísos fiscales asumiendo el peligro, o regresar a sus países de origen, donde volverían a encontrarse con salarios mucho más bajos.

Durante las primeras semanas de la guerra, Emiratos Árabes Unidos estuvo en primera línea de las represalias de Teherán. Y aunque el país aseguró haber interceptado la gran mayoría de los aproximadamente 3.000 drones y misiles lanzados contra su territorio, el conflicto sacudió su imagen de refugio de estabilidad.

Más de 60.000 habitantes abandonaron Dubái mientras el emirato sufría intensos ataques en marzo. Pese a ello, la población alcanzó los 4,73 millones de habitantes en julio, superando así su nivel anterior a la guerra, según datos oficiales.

Rabin Sharma, camarero indio que trabaja en Manama, capital de Baréin, se encontraba en el extranjero cuando estalló la guerra y se apresuró a regresar al reino.

Del mismo modo, en Kuwait, muchos habitantes renunciaron a sus vacaciones de verano por miedo a quedarse atrapados en el extranjero.

Algunos optaron por alejar a sus familiares, como este ingeniero egipcio instalado en Kuwait, al que la AFP encontró en un elegante café. Su esposa y su hija se preparan para regresar a Egipto mientras él se queda.

"La situación es demasiado inestable", afirma. "No puedo poner en riesgo sus vidas".

- Trabajar duro -

En Dubái las empresas de los sectores de servicios y turismo llevaron a cabo despidos y reducciones salariales. Pero para una chica siria de unos treinta años, que pidió mantener el anonimato, la situación sigue siendo preferible a la de regresar a un país devastado por más de 13 años de guerra civil.

"Me quedo porque no tengo otra opción", confiesa. "Dubái es el lugar donde hay que estar para sentirse seguro, trabajar duro, ganar dinero y ahorrar. Oportunidades que no tenemos en nuestro país", subraya.

"La mayoría de nosotros estamos aquí porque (...) la vida simplemente se volvió imposible en los lugares de donde venimos".

Como muchos trabajadores instalados en el Golfo, cada mes envía dinero a sus padres en Siria, que dependen de esas remesas.

También en Dubái, Darly Lanzuela, de 33 años, considera impensable regresar a Filipinas y afirma ganar "diez veces" más trabajando en un centro comercial del Golfo que en su país.

"Para ofrecer un futuro mejor a mis hijos y garantizar su educación, es mejor quedarse en Dubái", insiste.

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W.Aubert--PP